Teoría de patrones y teoría de actividades rutinarias aplicado a las violaciones sexuales.

 

Fuente: ONU. (2019).

La violencia sexual es un problema grave y complejo que afecta a millones de personas en todo el mundo. Para comprender mejor este fenómeno, los criminólogos han desarrollado varias teorías que explican los factores que contribuyen a su ocurrencia. En este ensayo, exploraremos tres de las teorías más influyentes sobre la violencia sexual: la teoría del triángulo del delito, la teoría de patrones y la teoría de actividades rutinarias.

La teoría del triángulo del delito, propuesta por Lawrence Cohen y Marcus Felson en 1979, postula que para que ocurra un delito deben confluir tres elementos en el tiempo y el espacio: un delincuente motivado, un objetivo adecuado y la ausencia de un guardián capaz (Cohen y Felson, 1979). En el contexto de las violaciones sexuales, el delincuente motivado sería el agresor sexual, el objetivo adecuado sería la víctima vulnerable, y la ausencia de un guardián capaz se referiría a la falta de protección o vigilancia que permita que ocurra el ataque.

Analizando esta teoría, Meier y Miethe (1993) señalan: “De acuerdo con la teoría de la actividad rutinaria, el volumen de delitos depende en gran medida de la convergencia en el espacio y el tiempo de tres elementos: (1) ofensores motivados, (2) objetivos atractivos, y (3) la ausencia de guardianes capaces contra los delitos”. (p.472)

Esto implica que para prevenir las violaciones sexuales, se deben abordar estos tres factores. Por ejemplo, se podrían implementar programas de prevención y tratamiento para potenciales agresores, educar a las personas sobre cómo evitar situaciones de riesgo y aumentar la vigilancia y seguridad en lugares donde tienden a ocurrir estos delitos.

Además, es crucial fomentar una cultura de respeto y consentimiento en la sociedad. Esto implica desafiar las normas y actitudes que normalizan o justifican la violencia sexual, como la objetivación de las mujeres, los mitos sobre las violaciones y las ideas erróneas sobre la masculinidad. A través de la educación, las campañas de sensibilización y el modelado de comportamientos saludables, podemos crear un entorno social que desaliente a los potenciales agresores y empodere a las posibles víctimas.

Otro aspecto importante es mejorar la respuesta de las instituciones y sistemas que manejan casos de violencia sexual. Esto incluye capacitar adecuadamente a la policía, los fiscales y los proveedores de servicios para que puedan responder de manera efectiva y compasiva a las víctimas, así como también fortalecer las leyes y políticas para responsabilizar a los agresores y proteger los derechos de los sobrevivientes. Al crear un sistema de apoyo sólido y receptivo, podemos alentar a más víctimas a denunciar y buscar ayuda, lo que a su vez puede disuadir a los agresores al aumentar la probabilidad de que sean atrapados y castigados.

La teoría de patrones, desarrollada por Paul y Patricia Brantingham en 1981, se enfoca en cómo la distribución espacial y temporal de las personas y los objetos en el entorno urbano influye en los patrones delictivos. Esta teoría sugiere que los delitos tienden a ocurrir en áreas donde las actividades rutinarias de los delincuentes se intersectan con las de las víctimas potenciales (Brantingham y Brantingham, 1981).

En el caso de las violaciones sexuales, esto implicaría que estos crímenes tienen más probabilidades de ocurrir en lugares donde los agresores sexuales suelen pasar tiempo y que también atraen o son frecuentados por posibles víctimas, como parques, bares, campus universitarios, etc. Comprender estos patrones geográficos y temporales puede ayudar a dirigir los esfuerzos de prevención y vigilancia hacia los lugares y momentos de mayor riesgo.

Profundizando en esta idea, Hewitt et al. (2018) indican: “La investigación ha demostrado que las agresiones sexuales ocurren de manera desproporcionada en determinados puntos críticos. Estos lugares tienden a ser áreas donde se concentran los delincuentes motivados y los objetivos adecuados y donde la vigilancia es limitada”. (p.14)

Esto resalta la importancia de un enfoque geográfico para la prevención de las violaciones sexuales. Si se pueden identificar estos puntos críticos y entender qué los hace atractivos para los agresores, se pueden desarrollar estrategias específicas para prevenir ataques en estas áreas.

Por último, la teoría de actividades rutinarias, también desarrollada por Cohen y Felson, se centra en cómo las actividades diarias normales de las personas pueden facilitar o impedir la ocurrencia de delitos. Según esta teoría, el crimen es más probable cuando convergen un delincuente motivado y un objetivo adecuado en ausencia de guardianes capaces, como resultado de sus rutinas diarias (Cohen y Felson, 1979).

Aplicando esto a las violaciones sexuales, se podría argumentar que ciertas rutinas o estilo de vida, como caminar solo por la noche, asistir a fiestas donde se consume mucho alcohol o participar en citas online con desconocidos, pueden aumentar el riesgo de victimización al exponer a las personas a potenciales agresores en situaciones con poca vigilancia o protección. Sin embargo, es crucial evitar culpar a las víctimas, ya que la responsabilidad de una violación recae únicamente en el violador.

Franklin et al. (2012) explican: “La investigación ha encontrado que las actividades rutinarias de estilo de vida, como salir por la noche y la frecuencia de citas, están relacionadas con un mayor riesgo de victimización sexual. Aunque estos factores pueden crear oportunidades para el delito, es importante enfatizar que la culpa de una agresión sexual siempre recae en el perpetrador”. (p.4)

Este estudio destaca tanto el vínculo entre las actividades rutinarias y el riesgo de violencia sexual, como la necesidad de centrarse en la prevención y la responsabilidad de los agresores en lugar de culpar a las víctimas.

En conclusión, la teoría del triángulo del delito, la teoría de los patrones y la teoría de las actividades rutinarias ofrecen perspectivas valiosas sobre los factores que contribuyen a las violaciones sexuales. Comprender cómo la convergencia de delincuentes motivados, objetivos vulnerables y falta de vigilancia, influenciada por patrones geográficos y actividades rutinarias, facilita estos crímenes es crucial para desarrollar estrategias efectivas de prevención.

Es importante abordar los tres elementos del triángulo del delito, enfocarse en los puntos críticos donde tienden a ocurrir las violaciones y crear conciencia sobre los riesgos asociados con ciertas rutinas, sin culpar a las víctimas. Solo a través de un enfoque integral e informado por la teoría podremos avanzar en la lucha contra la violencia sexual en nuestra sociedad.

 

Relacionada:

https://behaviorandlawjournal.com/BLJ/article/download/65/80/331

 

Referencias Bibliográficas:

Cohen, L., & Felson, M. (1979). Social change and crime rate trends: A routine activity approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608. https://doi.org/10.2307/2094589

Franklin, C. A., Franklin, T. W., Nobles, M. R., & Kercher, G. A. (2012). Assessing the effect of routine activity theory and self-control on property, personal and sexual assault victimization. Criminal Justice and Behavior, 39(10), 1296-1315. https://doi.org/10.1177/0093854812453673

Hewitt, A., Beauregard, E., & Davies, G. (2018). “Catch and release”: Predicting encounter and victim release location choice in serial rape events. Policing: An International Journal, 41(1), 12-29. https://doi.org/10.1108/PIJPSM-05-2017-0059

ONU. (2019). El cambio climático tiene un “efecto multiplicador” en los conflictos y la migración, advierte Guterres. https://news.un.org/es/story/2019/11/1465761

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