Teoría de patrones y teoría de actividades rutinarias aplicado a las violaciones sexuales.
La violencia sexual es un
problema grave y complejo que afecta a millones de personas en todo el mundo.
Para comprender mejor este fenómeno, los criminólogos han desarrollado varias
teorías que explican los factores que contribuyen a su ocurrencia. En este
ensayo, exploraremos tres de las teorías más influyentes sobre la violencia
sexual: la teoría del triángulo del delito, la teoría de patrones y la teoría
de actividades rutinarias.
La teoría del triángulo del
delito, propuesta por Lawrence Cohen y Marcus Felson en 1979, postula que para
que ocurra un delito deben confluir tres elementos en el tiempo y el espacio:
un delincuente motivado, un objetivo adecuado y la ausencia de un guardián
capaz (Cohen y Felson, 1979). En el contexto de las violaciones sexuales, el
delincuente motivado sería el agresor sexual, el objetivo adecuado sería la
víctima vulnerable, y la ausencia de un guardián capaz se referiría a la falta
de protección o vigilancia que permita que ocurra el ataque.
Analizando esta teoría, Meier
y Miethe (1993) señalan: “De acuerdo con la teoría de la actividad rutinaria,
el volumen de delitos depende en gran medida de la convergencia en el espacio y
el tiempo de tres elementos: (1) ofensores motivados, (2) objetivos atractivos,
y (3) la ausencia de guardianes capaces contra los delitos”. (p.472)
Esto implica que para
prevenir las violaciones sexuales, se deben abordar estos tres factores. Por
ejemplo, se podrían implementar programas de prevención y tratamiento para
potenciales agresores, educar a las personas sobre cómo evitar situaciones de
riesgo y aumentar la vigilancia y seguridad en lugares donde tienden a ocurrir
estos delitos.
Además, es crucial fomentar
una cultura de respeto y consentimiento en la sociedad. Esto implica desafiar
las normas y actitudes que normalizan o justifican la violencia sexual, como la
objetivación de las mujeres, los mitos sobre las violaciones y las ideas
erróneas sobre la masculinidad. A través de la educación, las campañas de
sensibilización y el modelado de comportamientos saludables, podemos crear un
entorno social que desaliente a los potenciales agresores y empodere a las
posibles víctimas.
Otro aspecto importante es
mejorar la respuesta de las instituciones y sistemas que manejan casos de
violencia sexual. Esto incluye capacitar adecuadamente a la policía, los
fiscales y los proveedores de servicios para que puedan responder de manera
efectiva y compasiva a las víctimas, así como también fortalecer las leyes y
políticas para responsabilizar a los agresores y proteger los derechos de los
sobrevivientes. Al crear un sistema de apoyo sólido y receptivo, podemos
alentar a más víctimas a denunciar y buscar ayuda, lo que a su vez puede
disuadir a los agresores al aumentar la probabilidad de que sean atrapados y
castigados.
La teoría de patrones,
desarrollada por Paul y Patricia Brantingham en 1981, se enfoca en cómo la
distribución espacial y temporal de las personas y los objetos en el entorno
urbano influye en los patrones delictivos. Esta teoría sugiere que los delitos
tienden a ocurrir en áreas donde las actividades rutinarias de los delincuentes
se intersectan con las de las víctimas potenciales (Brantingham y Brantingham,
1981).
En el caso de las violaciones
sexuales, esto implicaría que estos crímenes tienen más probabilidades de
ocurrir en lugares donde los agresores sexuales suelen pasar tiempo y que
también atraen o son frecuentados por posibles víctimas, como parques, bares,
campus universitarios, etc. Comprender estos patrones geográficos y temporales
puede ayudar a dirigir los esfuerzos de prevención y vigilancia hacia los
lugares y momentos de mayor riesgo.
Profundizando en esta idea,
Hewitt et al. (2018) indican: “La investigación ha demostrado que las
agresiones sexuales ocurren de manera desproporcionada en determinados puntos
críticos. Estos lugares tienden a ser áreas donde se concentran los delincuentes
motivados y los objetivos adecuados y donde la vigilancia es limitada”. (p.14)
Esto resalta la importancia
de un enfoque geográfico para la prevención de las violaciones sexuales. Si se
pueden identificar estos puntos críticos y entender qué los hace atractivos
para los agresores, se pueden desarrollar estrategias específicas para prevenir
ataques en estas áreas.
Por último, la teoría de
actividades rutinarias, también desarrollada por Cohen y Felson, se centra en
cómo las actividades diarias normales de las personas pueden facilitar o
impedir la ocurrencia de delitos. Según esta teoría, el crimen es más probable
cuando convergen un delincuente motivado y un objetivo adecuado en ausencia de
guardianes capaces, como resultado de sus rutinas diarias (Cohen y Felson,
1979).
Aplicando esto a las
violaciones sexuales, se podría argumentar que ciertas rutinas o estilo de
vida, como caminar solo por la noche, asistir a fiestas donde se consume mucho
alcohol o participar en citas online con desconocidos, pueden aumentar el riesgo
de victimización al exponer a las personas a potenciales agresores en
situaciones con poca vigilancia o protección. Sin embargo, es crucial evitar
culpar a las víctimas, ya que la responsabilidad de una violación recae
únicamente en el violador.
Franklin et al. (2012)
explican: “La investigación ha encontrado que las actividades rutinarias de
estilo de vida, como salir por la noche y la frecuencia de citas, están
relacionadas con un mayor riesgo de victimización sexual. Aunque estos factores
pueden crear oportunidades para el delito, es importante enfatizar que la culpa
de una agresión sexual siempre recae en el perpetrador”. (p.4)
Este estudio destaca tanto el
vínculo entre las actividades rutinarias y el riesgo de violencia sexual, como
la necesidad de centrarse en la prevención y la responsabilidad de los
agresores en lugar de culpar a las víctimas.
En conclusión, la teoría del
triángulo del delito, la teoría de los patrones y la teoría de las actividades
rutinarias ofrecen perspectivas valiosas sobre los factores que contribuyen a
las violaciones sexuales. Comprender cómo la convergencia de delincuentes
motivados, objetivos vulnerables y falta de vigilancia, influenciada por
patrones geográficos y actividades rutinarias, facilita estos crímenes es
crucial para desarrollar estrategias efectivas de prevención.
Es importante abordar los
tres elementos del triángulo del delito, enfocarse en los puntos críticos donde
tienden a ocurrir las violaciones y crear conciencia sobre los riesgos
asociados con ciertas rutinas, sin culpar a las víctimas. Solo a través de un
enfoque integral e informado por la teoría podremos avanzar en la lucha contra
la violencia sexual en nuestra sociedad.
Relacionada:
https://behaviorandlawjournal.com/BLJ/article/download/65/80/331
Referencias Bibliográficas:
Cohen, L., & Felson, M.
(1979). Social change and crime rate trends: A routine
activity approach. American Sociological Review, 44(4), 588-608. https://doi.org/10.2307/2094589
Franklin,
C. A., Franklin, T. W., Nobles, M. R., & Kercher, G. A. (2012). Assessing
the effect of routine activity theory and self-control on property, personal
and sexual assault victimization. Criminal Justice and Behavior, 39(10),
1296-1315. https://doi.org/10.1177/0093854812453673
Hewitt,
A., Beauregard, E., & Davies, G. (2018). “Catch and release”: Predicting
encounter and victim release location choice in serial rape events. Policing: An International
Journal, 41(1), 12-29. https://doi.org/10.1108/PIJPSM-05-2017-0059
ONU. (2019). El cambio
climático tiene un “efecto multiplicador” en los conflictos y la migración,
advierte Guterres. https://news.un.org/es/story/2019/11/1465761
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